La ciudad se construye en alianza: prácticas de urbanismo táctico en México

Autor: Hugo Moreno Freydig
Integrante de Bukis a la Calle

El urbanismo táctico se ha consolidado como una estrategia práctica, económica y participativa para transformar nuestras ciudades. A través de intervenciones temporales —como cruces peatonales visibles, áreas de descanso o ciclovías emergentes— se busca mejorar la seguridad y calidad del espacio público de forma ágil.

Pero, ¿cómo lograr que estas acciones no se queden solo en la anécdota? ¿Qué se necesita para que lo temporal se convierta en infraestructura permanente?

La respuesta está en la colaboración: entre la sociedad civil, los gobiernos locales y la iniciativa privada.

Tres actores, un mismo objetivo

La sociedad civil: mirada desde el territorio

Organizaciones comunitarias, colectivos barriales, activistas urbanos y personas vecinas son quienes muchas veces encienden la chispa. Desde su experiencia cotidiana conocen los problemas del entorno: banquetas rotas, cruces peligrosos, falta de espacios seguros.

Su participación aporta legitimidad, conocimiento profundo del territorio y una visión de cambio desde lo local.

El gobierno local: facilitador y acompañante

El papel de las autoridades municipales es clave. Sin su respaldo, los proyectos no avanzan. Pero más allá de dar permisos, su rol consiste en acompañar técnicamente, brindar un marco normativo, ayudar a evaluar los resultados y, sobre todo, traducir los aprendizajes en política pública.

La iniciativa privada: aliada con propósito

El sector privado también tiene mucho que aportar: desde materiales, herramientas y patrocinios, hasta participación técnica o logística. Lo importante es que esa colaboración tenga sentido comunitario y no sea solo de carácter promocional.

Las empresas también habitan las ciudades, y pueden ser aliadas fundamentales para mejorar su entorno.

¿Cómo lograr que el urbanismo táctico funcione?

Para que las intervenciones realmente transformen el espacio público y dejen huella, hay algunos elementos que no deben faltar:

1. Diagnóstico colectivo

Escuchar a quienes viven el espacio es clave. Hacer recorridos, entrevistas, mapeos y talleres abiertos permite detectar necesidades reales y diseñar soluciones que respondan a ellas.

2. Diseño colaborativo

Cuando se suman saberes técnicos y conocimientos locales, las ideas fluyen mejor. El co-diseño fomenta pertenencia y multiplica la creatividad.

3. Comunicación clara

Muchas veces, lo que genera rechazo es la falta de información. Una buena estrategia de comunicación ayuda a que las personas entiendan el propósito del proyecto, se involucren y lo defiendan.

4. Evaluación participativa

Es fundamental medir el impacto de la intervención. Ya sea con conteos, encuestas, fotos o testimonios, es importante demostrar si el espacio mejoró y cómo lo vivencia la comunidad.

5. Estrategia de mantenimiento

Desde el inicio, hay que definir quién cuidará el espacio: ¿será el gobierno?, ¿la comunidad?, ¿un negocio cercano?. La sostenibilidad no debe dejarse al azar.

6. Ruta hacia lo permanente

El objetivo no siempre es quedarse como algo temporal. Si la intervención funciona, se debe buscar integrarla a los planes de desarrollo urbano o movilidad, asegurar presupuesto público y formalizarla con criterios técnicos.

Ejemplos que inspiran

En ciudades como Guadalajara, Ciudad de México, Mérida o San Pedro Garza García, hemos visto cómo intervenciones surgidas desde colectivos ciudadanos han logrado escalar y convertirse en política pública.

Cruces peatonales seguros, ciclovías emergentes y espacios de juego en calles han pasado de ser experimentos a infraestructura consolidada.

En muchos de estos casos, el éxito ha estado en la articulación entre vecinas y vecinos organizados, equipos técnicos del gobierno y aliados del sector privado con visión social.

Casos en Hermosillo

En Hermosillo se han realizado importantes intervenciones de urbanismo táctico gracias a la colaboración entre ciudadanía organizada, gobierno municipal e iniciativa privada.

Uno de los casos más representativos es el cruce entre el bulevar Morelos y la calle Isidro Olvera. Con el liderazgo de colectivos como Bukis a la Calle, el apoyo del IMPLAN y la CIDUE, y el respaldo de Cemex a través de la Estrategia Misión Cero, se logró rediseñar esta intersección para reducir la velocidad vehicular y proteger a peatones.

Se usó pintura de colores, señalización visible y delimitación de áreas peatonales con materiales temporales.

Otro gran ejemplo es el rescate del espacio entre los camellones del bulevar Hidalgo, en el centro de la ciudad. Esta intervención comenzó como un experimento ciudadano y fue adoptada por el gobierno municipal.

Hoy, ese espacio es un andador peatonal permanente que promueve la caminabilidad, reduce riesgos viales y ofrece sombra y descanso a quienes transitan por ahí.

Estos casos demuestran que cuando se trabaja en conjunto, los cambios no solo son posibles, sino sostenibles.

Lo que aprendemos

El urbanismo táctico no es solo pintar una calle: es una oportunidad para reconstruir la relación entre ciudadanía, gobierno y empresas. Es una forma de hacer ciudad desde lo común, a través de la acción concreta y el diálogo entre actores diversos.

Cuando colaboramos desde la confianza y con objetivos claros, lo que comienza como una prueba puede convertirse en transformación duradera.

¿Y tú, cómo puedes participar?

Si formas parte de una organización, trabajas en gobierno o tienes un negocio, piensa en qué puedes aportar. Las ciudades que soñamos no se construyen solas: se construyen juntas.

Si quieres aprender a realizar intervenciones de urbanismo táctico en tu localidad, te invito a que consultes la guía Cebrapedia de la liga Peatonal. La encuentras en:
https://bit.ly/cebrapedia

En ella te explicamos cómo puedes organizarte para crear entornos urbanos más seguros desde la sociedad civil.


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