Autores: María del Mar Covarrubias Castro y Claudio Sarmiento Casas
Los puentes (anti-)peatonales no resuelven los problemas de los habitantes de una ciudad sino que exacerban sus diferencias estructurales.
Siempre que se problematizan los puentes (anti) peatonales en las redes sociales se generan debates que muchas veces resultan en intercambios violentos. ¿Por qué una estructura sostenida en el aire causa tanta irritación? En este texto reflexionaremos sobre el porqué de esta violencia ante un tema tan -en apariencia- inofensivo.

Derecho a la ciudad y accesibilidad universal
Antes que nada ¿Por qué ANTI-peatonales?
La primera cosa que causa controversia es ese “ANTI”: ¿cómo estás diciendo que esos puentes son ANTIpeatonales cuando son para las personas peatonas? ¡¿No te das cuenta que esas estructuras son para cuidar sus vidas?!
Esta opinión casi nunca viene de personas usuarias de estos puentes y generalmente viene desde el imaginario colectivo que converge y nos hace creer que en la ciudad la prioridad es el automóvil. Porque cualquier persona que tenga que usar algún puente peatonal de manera cotidiana termina odiándolos. Desde una observación sencilla y cotidiana, se puede ver cómo el atravesar una calle de 11 metros, por ejemplo, se convierte en un traslado de 103 metros cuesta arriba. Al ver el tiempo y el esfuerzo extra que implica; con claridad se puede ver que esa infraestructura no es para cuidar su vida, sino que es para evitar que los autos se detengan en un cruce.

Antes que nada, debemos dejar algo en claro: un cruce a nivel puede ser igual o más seguro que un puente peatonal. Además de evitar las condiciones de inseguridad pública que son comunes en estos espacios elevados, mal iluminados y desolados, los cruces a nivel incentivan que el auto vaya a velocidades más moderadas, que esté más al pendiente de su entorno y que disminuya considerablemente la posibilidad de chocar contra el mobiliario urbano o las estructuras de la calle, como los soportes de un puente anti-peatonal.

Además, los puentes anti-peatonales van contrarios al espíritu de la movilidad justa y de la Ley. A pesar de tener un marco legal que establece que la jerarquía de la movilidad la tienen las personas con alguna discapacidad, personas mayores, niñas y niños, personas peatonas en general, es evidente que en nuestras ciudades esta jerarquía es letra muerta. Los puentes antipeatonales mantienen el estatus quo vial: la hegemonía del auto, sobre cualquier otro usuario no motorizado.

Los puentes antipeatonales son una representación material de desigualdad estructural. Hace que las personas que tienen menor fuerza* se tengan que esforzar más y le da la posibilidad de hacer menos esfuerzo, gastar menos tiempo a quienes tienen más fuerza*. *Se define fuerza con su fórmula física, F = m * a, fuerza es igual a masa por aceleración.
¿A poco si? ¡En efecto! A continuación calculamos las diferencias en tiempos al cruzar a nivel de piso versus cruzar por puente (anti)peatonal para diferentes tipos de personas usuarias:

En éste análisis podemos resaltar 3 cosas:
- Todos los grupos experimentan un aumento superior al 1,200% debido a que la distancia es 9.4 veces mayor (103 m vs. 11 m) + el impacto de la pendiente.
- La silla de ruedas manual tiene el mayor aumento (+1,773%), ya que la pendiente reduce su velocidad a casi la mitad.
- Personas mayores y adultos con hijas e hijos tienen incrementos similares (~1,250%), pero el tiempo absoluto es mayor para los primeros.
Movilidad y exclusión en ciudades mexicanas
La combinación de mayor distancia + pendiente multiplica el tiempo requerido entre 12 y 18 veces, dependiendo de la movilidad del usuario.
Bueno… sí se tardan más pero vale la pena el tiempo para cruzar de manera segura. ¡No es sólo el tiempo! También es mucho más esfuerzo, a continuación estimaremos el esfuerzo físico en calorías para cada grupo al recorrer 103 metros con una pendiente del 6% y lo compararemos con el esfuerzo físico que implica para una persona en automóvil frenar en un semáforo que permitiría a las personas cruzar a nivel:

Frenar un auto gasta casi cero energía para el conductor (0.058 kcal), mientras que:
- Una persona en silla de ruedas gasta 671 veces más energía en la misma distancia con pendiente.
- Un adulto mayor gasta 246 veces más.
Estos datos evidencian la enorme desigualdad en esfuerzo físico entre la conducción y la movilidad activa (caminar, empujar una silla, etc.). Estas estructuras representan obstáculos para la movilidad en contextos urbanos, que son regulados por entes públicos cuya función sería generar entornos que promuevan condiciones de movilidad en condición de equidad, eficiencia y seguridad.
Y si lo que decimos les parece subjetivo ¡vámonos a lo que dice la ley!
- La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial prohíbe tratar a los puentes peatonales como soluciones equivalentes a cruces peatonales —estos deben ser prioridad a nivel de calle—.
- La NOM-004-SEDATU-2023 obliga a que la infraestructura urbana priorice a peatones y sea accesible, lo cual desalienta soluciones que marginen o compliquen el cruce caminando.
La construcción de puentes peatonales en México debe cesar porque representa una estrategia urbana ineficaz, desigual y contraria a los principios de seguridad vial y movilidad sustentable. Además, la evidencia técnica demuestra que los puentes peatonales no reducen significativamente los siniestros de tránsito y, en muchos casos, resultan subutilizados. Frente a ello, la alternativa eficaz, incluyente y alineada con la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial es la implementación de cruces seguros a nivel, con señalización adecuada, reducción de velocidad vehicular, y prioridad normativa y física para quienes caminan.
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Por qué el derecho a la ciudad no es posible sin accesibilidad universal
